Encerrona de José Miguel Arroyo, “Joselito”, em Madrid

Después de los 10 años de tomar su alternativa, logra un triunfo apoteósico con toros de diferentes ganaderías, una tarde inolvidable. Aquel día “Joselito” cambió el curso del toreo contemporaneo. El 2 de Mayo de 1996 José Miguel Arroyo “Joselito” dio una grandiosa tarde de toros en la plaza de Madrid tras despachar con enorme brillantez seis toros en solitario. El diestro madrileño, vestido de goyesco, atravesó en loor de multitudes la Puerta Grande del coso venteño.

Javier Villán, crítico taurino del diario El Mundo, tituló su crónica “Joselito es el rey” y comenzaba: “Van a necesitarse todos los pintores, y alguno más, que estos días exponen en Utopía sus tauromaquias de Joselito, para reflejar el devenir de este torero. Utopía: eso es lo que hizo José Miguel Arroyo; conquistar la utopía de la pureza torera, hacer realidad la utopía tantas veces negada. O vilipendiada. Sabemos ya, lo reafirmamos porque saberlo lo sabíamos, que el toreo es grandeza. Y con toros, no con simulacro de toros”. Villán, proseguía: “No fue solo una tarde completa; fue un compendio de tauromaquia. Después de esto, las dudas que puedan surgir respecto a José Miguel Arroyo, serán únicamente las dudas que vierta él sobre sí mismo. Su verdad y su tauromaquia están ya dilucidadas. Y su hermosa imaginería con el capote; y su sentido del rito y la ceremonia. Y la matemática de los terrenos. Y un valor seco sin aspavientos ni gestualismos. Hoy por hoy, Joselito es el rey de la torería”. Joaquín Vidal, del diario El Mundo, titulaba su crónica “Apoteosis de Joselito” y escribía en ella: “¡Gran tarde de Joselito en Madrid! La mejor tarde de toda su carrera redondeó Joselito ante la afición de la primera plaza del mundo. Toreó como los ángeles en diversos pasajes de sus faenas, entró a quites en todos los toros desplegando un amplísimo repertorio que dejó anonadado al público; estuvo relajado y seguro, dominador y valiente, por encima del bien y del mal, y ni siquiera iba mediada la corrida cuando ya había alcanzado la apoteosis. Los olés y las ovaciones fueron continuos desde que hizo el paseíllo hasta que tumbó al morucho pregonao sobrero de Cortijoliva que hizo sexto.
Info: Aplausos